Escapada a Segovia: monumentalidad, misterio y el buen hacer del Restaurante José


Segovia tiene esa magia especial de las ciudades que se recorren despacio, con el sonido de los adoquines bajo los pasos y una silueta imponente que se dibuja en el horizonte nada más llegar. Nuestra última escapada nos llevó a perdernos por sus rincones más emblemáticos, combinando patrimonio, una ruta nocturna de leyendas y, por supuesto, un homenaje gastronómico redondo en el Restaurante José, situado en plena Plaza Mayor.

La experiencia comenzó recorriendo el perfil monumental de la ciudad. Asomarse al Acueducto siempre impresiona, pero caminar después hacia la Catedral y adentrarse en los torreones y salones del Alcázar te transporta directamente a otra época. Para redondear el día, aprovechamos la noche segoviana con una visita guiada de misterios y leyendas que descubre los secretos más ocultos de sus callejuelas. El broche perfecto para el descanso lo puso nuestra estancia en el Hotel Dorma Los Linajes, un alojamiento con sabor tradicional situado en un enclave privilegiado.

Pero si hubo un hilo conductor en toda la escapada, ese fue la mesa. En esta ocasión, y para evitar el picoteo disperso, optamos por apostar sobre seguro y concentrar toda nuestra vivencia culinaria en un solo lugar: el Restaurante José. Y la jugada no pudo salir mejor, ya que decidimos repetir allí tanto para el vermut y la comida como para la cena.

Todo empezó con unos vinos de aperitivo en su barra de la Plaza Mayor antes de entrar en la catedral, donde el ambiente y la cercanía ya nos conquistaron. A la hora de comer, nos entregamos a su menú segoviano a un precio fantástico. Sentarse a la mesa y ver los detalles del servicio, como ese nombre del establecimiento bordado en su mantel de tela que hoy en día es todo un lujo de antaño, marca la diferencia.

        

        

Llegaron entonces los platos estrella. Primero, unos judiones de la Granja riquísimos, melosos y con el punto exacto de sabor tradicional. Después, el cochinillo asado perfecto, tierno por dentro y con una piel crujiente que hacía honor a la fama de la tierra, rematado con un refrescante sorbete de mandarina. Todo ello coronado por la amabilidad y el trato cercano de Julio, el camarero, y Daniel, el dueño, que consiguen que te sientas como en casa desde el primer minuto.

El idilio con el local fue tal que volvimos por la noche para rematar la jornada. En esta ocasión, una generosa ración de jamón de la noche, perfectamente cortado, acompañada de un par de copas de vino, puso el colofón perfecto a un día inolvidable. El Restaurante José se ha ganado por méritos propios un hueco imprescindible en nuestras recomendaciones y en nuestro particular mapa gastronómico. Sin duda, un sitio al que volveremos en nuestra próxima visita a Segovia.

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