L’Entrecôte Café de Paris en Chamartín: El secreto mejor guardado de su salsa mítica


El barrio de Chamartín, concretamente la zona de Nueva España, se ha consolidado como un refugio para los paladares que huyen del ruido mediático para centrarse en la excelencia del producto. En la calle Felix Boix se erige L’Entrecôte Café de Paris, un establecimiento que bajo el lema "muchas veces imitado, nunca igualado", defiende una propuesta de menú único que es, en esencia, una lección de maestría culinaria francesa.

El misterio de la ensalada y el plato principal


La experiencia comienza con una ensalada de lechuga verde, cuya aparente sencillez esconde uno de los primeros enigmas de la comida. La vinagreta que la adereza posee un equilibrio técnico envidiable; es vibrante, fresca y prepara el paladar para la intensidad que está por venir.


El plato principal es una liturgia en sí misma: una pizca de entrecot presentada sobre un hornillo que mantiene la temperatura ideal de su famosa salsa. Al degustarla, se percibe una complejidad de especias y mantequilla, pero con un matiz cítrico identificado que aporta una ligereza necesaria. Este toque ácido, difícil de replicar en las versiones caseras, es el que eleva la carne y convierte a las patatas fritas (servidas a demanda y con una fritura impecable) en el vehículo perfecto para no dejar rastro de la salsa en el plato.

Maridaje de proximidad: La fuerza de la Garnacha


Para sostener la estructura grasa de la carne y la complejidad de la salsa, optamos por un vino con sello local: Senda 2022, de la bodega Las Moradas de San Martín. Este monovarietal de Garnacha Tinta, procedente de viñedos de montaña a casi 900 metros de altura, resultó ser un acierto absoluto.

Es un vino muy fresco, vivo y aromático. Su paso por boca es largo, sedoso y elegante, con una carga mineral propia del suelo granítico de textura franco-arenosa de la región. Posee un buen tanino tras su crianza de diez meses en barrica de roble francés, esencial para "limpiar" la boca tras cada bocado de carne roja, manteniendo el frescor sin verse eclipsado por la potencia del menú. Es un ejemplo claro de viticultura ecológica y biodinámica  que compite al más alto nivel.

Un cierre de contrastes: Postre e infusión


El capítulo dulce preparó el camino para una sobremesa de altura. El coulant de chocolate destacó por su ejecución técnica, con un centro líquido y caliente que contrastaba con la cremosidad del helado de chocolate que lo acompañaba.


Por otro lado, la crepe con dulce de leche ofreció una textura sedosa y un sabor profundo que satisfizo hasta los paladares menos golosos de la mesa, coronada con un remolino perfecto de este dulce tradicional.

Para finalizar, una infusión de Rooibos sirvió como el broche de oro digestivo, permitiendo reposar una comida donde la técnica, el misterio de los ingredientes y la buena selección vinícola fueron los protagonistas. El menú ha costado 29€ por comensal (vino y postres aparte), una inversión que merece la pena para conocer este rincón castizo con alma parisina.


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