Hay que ser muy cafetero para repetir en un restaurante con menú degustación con solo una semana de diferencia, pero la ocasión lo mercedía. Diego cumplía 24 años y teníamos clarísimo que queríamos celebrar su cumpleaños en Bichopalo. Daniel Pozuelo en la cocina y su hermano Guillermo en la sala acaban de renovar su sitio en la Guía Michelin de este año, y la verdad es que se lo ganan a pulso.
En esta ocasión en la mesa éramos cuatro. Ir tan de seguido tenía el peligro de que Paloma y yo nos aburriéramos si los platos eran calcados, pero qué va. Nos sorprendió un montón ver cómo de una semana a otra habían cambiado varias guarniciones y detalles de los platos. Al final, pudimos disfrutar por segunda vez de las creaciones de la casa pero con toques distintos que se adaptaban de maravilla, mientras que para Diego y Julia todo era una sorpresa de estreno. Esta vez, además, nos tiramos de cabeza a por el menú largo a pesar de tratarse de una cena, la ocasión bien lo merecía.
Guillermo, que lleva la sala y la sumillería, fue la persona que nos atendió durante toda la noche de manera impecable. Aunque Daniel también tuvo ocasión de acercarnos a la mesa alguna de sus creaciones, siempre dejaba la explicación detallada en manos de su hermano.
Yema a baja temperatura y un magret para el recuerdo
Aunque todo el menú mantiene un nivel altísimo (los platos entran por los ojos, con unas vajillas preciosas y un colorido espectacular gracias a las flores y brotes), en la mesa hubo dos ganadores indiscutibles que nos hicieron poner los ojos en blanco.
Por un lado, la yema de huevo hecha a baja temperatura. Madre mía qué locura de plato, es pura seda en la boca y el fondo que lleva tiene una potencia increíble. Por el otro, el magret de pato. Tenía el punto de cocción clavadito, superjugoso por dentro y con la piel crujiente, acompañado de una salsa de las de rebañar que combinaba genial con la carne.
El descubrimiento del Syrah de California
En la parte líquida decidimos jugar un poco de la mano de Guillermo. Para empezar y acompañar los primeros pases, pedimos un Godello del Bierzo, que con su frescura nunca falla. Pero el plato fuerte vino con el tinto: nos apetecía probar cosas nuevas y nos decantamos por un Syrah de California. Era nuestra primera vez con este vino y nos llevamos una grata sorpresa.
Me llamó la atención que venía con tapón de rosca en lugar del clásico corcho. Imagino que allí lo hacen para cortar de raíz la evolución del vino dentro de la botella y que mantenga toda su fuerza y fruta. Nos gustó mucho y aguantó el tipo perfectamente frente a la potencia del pato.
Cumpleaños feliz en la mesa
Lo mejor de estas cenas no es solo lo que te metes en la boca, sino el rato tan bueno que pasas en familia. El equipo del restaurante estuvo de diez y tuvo el detallazo de traer el primero de los postres con una vela para Diego. Le cantamos el cumpleaños feliz allí mismo entre los cuatro, entre risas y fotos para el recuerdo.
Una cena redonda para celebrar sus 24 años en un sitio que, desde luego, se está convirtiendo en uno de nuestros favoritos de Madrid.
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